Salir de una situación de abuso no significa que sus efectos psicológicos desaparezcan inmediatamente.
Después de haber vivido violencia, control, humillaciones, amenazas, manipulación o situaciones mantenidas de miedo, algunas personas continúan reaccionando como si el peligro todavía estuviera presente.
No es una cuestión de voluntad. El trauma puede modificar temporalmente la manera en que el cerebro y el organismo responden ante determinadas situaciones.
Cuando el sistema de alarma permanece activado
Durante una situación amenazante, nuestro organismo pone en marcha mecanismos destinados a protegernos. El problema aparece cuando, una vez terminada la amenaza, ese sistema continúa reaccionando con una intensidad elevada.
Después de experiencias traumáticas pueden aparecer:
- Recuerdos intrusivos relacionados con lo sucedido.
- Pesadillas o alteraciones del sueño.
- Hipervigilancia.
- Sobresaltos frecuentes.
- Ansiedad intensa.
- Evitación de lugares, personas o situaciones asociadas al trauma.
- Irritabilidad.
- Problemas de concentración y memoria.
- Sensación de desconexión emocional.
- Dificultad para volver a sentirse seguro.
Cuando estos síntomas son persistentes, generan un malestar significativo e interfieren en la vida cotidiana, es importante realizar una valoración profesional.
El trauma también puede afectar al funcionamiento cognitivo
El estrés postraumático no afecta exclusivamente a las emociones.
Mantenerse durante largos periodos en un estado de alerta puede repercutir en la atención, la memoria, la planificación, el sueño y la capacidad para regular las emociones.
Por eso algunas personas explican que después de una experiencia traumática se sienten más despistadas, tienen dificultades para tomar decisiones o necesitan un esfuerzo mucho mayor para realizar actividades que anteriormente desarrollaban con normalidad.
No significa que hayan perdido sus capacidades. El cerebro está destinando una gran cantidad de recursos a detectar y responder ante posibles amenazas.
El abuso psicológico también puede dejar secuelas
No es necesario que exista violencia física para que una experiencia produzca un importante impacto psicológico.
El control continuado, las amenazas, la desvalorización, el aislamiento, la intimidación o la manipulación pueden generar un contexto de miedo y estrés mantenido.
Además, cada persona responde de manera diferente ante una experiencia traumática. Haber sufrido abuso no implica necesariamente desarrollar un trastorno de estrés postraumático, y el diagnóstico requiere una evaluación clínica individualizada.
Recuperarse no significa olvidar
La intervención psicológica no pretende borrar lo ocurrido.
El objetivo es ayudar a que el recuerdo deje de activar continuamente la respuesta de peligro, recuperar la sensación de seguridad y favorecer nuevamente el funcionamiento emocional, cognitivo y cotidiano.
Comprender lo que ocurre después del trauma es una parte importante del proceso: cuando el peligro ha terminado, el cerebro también necesita aprender que ya no tiene que vivir permanentemente en alerta.
En Neuropsique realizamos evaluación e intervención psicológica y neuropsicológica individualizada en problemas relacionados con trauma, ansiedad y estrés.
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