EVALUACION NEUROPSICOLOGICA DEL TDAH

El diagnóstico del TDAH es clínico, ya sea en la infancia, en la adolescencia o en la edad adulta. Con esto queremos decir que no hay ninguna prueba más que la entrevista médico-paciente que pueda hacer o confirmar el diagnóstico. Por tanto, no disponemos de pruebas genéticas, de imagen ni analíticas que nos confirmen el diagnóstico. El conocimiento y la experiencia clínica del profesional es la mejor herramienta diagnóstica. Aunque, bien es cierto que nos vamos a poder valer de unas pruebas complementarias muy interesantes, como son la valoración neuropsicológica y las escalas de evaluación.

El Trastorno por déficit de atención con hiperactividad es un trastorno del neurodesarrollo que comienza en la infancia. De hecho, el DSM-5 considera que los primeros síntomas deben estar presentes antes de los 12 años. Otro hecho importante que se debe considerar es que las manifestaciones y síntomas del TDAH deben estar presentes en más de un entorno (casa, escuela, parque, universidad, trabajo, etc.) y ser consistentes en el tiempo. Si la hiperactividad o déficit de atención solo se expresa en un entorno, como pueda ser en la escuela, el problema seguramente esté ahí y no en el niño. Para salir de dudas, muchas veces es necesario utilizar informantes colaterales, como puedan ser los padres, los profesores o las parejas cuando los pacientes son adultos. Resulta habitual que muchos adultos no recuerden ni sean capaces de concretar a qué edad comenzaron sus síntomas. No obstante, el propio paciente puede ser un buen informador de sí mismo, incluso de su infancia, aunque hay que tener en cuenta que va a tender a infravalorar sus dificultades.

“Los síntomas de TDAH deben ser consistentes en el tiempo y manifestarse en más de un entorno distinto.”
Los síntomas principales del TDAH son: la falta de atención, la hiperactividad, la impulsividad, la inestabilidad emocional y la dificultad para organizarse. Si nos fijamos estos síntomas también pueden ser variantes de la normalidad. Todos conocemos personas despistadas, impulsivas, inquietas, emocionales y que se organizan mal. De aquí viene la controversia que ha surgido en torno a este diagnóstico en algunos círculos antipsiquiatría. Pero, no debemos fijarnos en un síntoma de forma aislada, sino que debemos considerar todos los síntomas en conjunto y, sobre todo, ver qué repercusión producen estos síntomas en el sujeto. Solo podemos diagnosticar un TDAH cuando existen pruebas claras de que los síntomas interfieren negativamente en el funcionamiento académico, laboral o social.

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