El psicólogo ha estado presente en el estudio y tratamiento del dolor desde sus inicios. Diversos factores han contribuido a este hecho. Por un lado el que la consideración del dolor crónico como un problema clínico sea relativamente reciente. En efecto, la atención al dolor como problema en sí, más allá de su valor diagnóstico para un sin número
de enfermedades, se remonta a los años 70. Esto supone conjugar un desarrollo óptimo del abordaje psicológico establecido en otros ámbitos, con la necesidad de construir una nueva especialidad, ámbito de conocimiento y de intervención singularmente complejo. La psicología viene a cooperar con la medicina, la anestesiología y neurología
principalmente, para contribuir a explicar e intervenir sobre los efectos perceptivos singulares del dolor y su impacto
psicosocial.
La existencia de tratamientos bien establecidos en otros ámbitos de la intervención en psicología clínica: técnicas de
control de la actividad fisiológica (relajación y biofeedback, principalmente); procedimientos basados en el control de
contingencias y técnicas cognitivo-conductuales de adquisición de habilidades de afrontamiento, en especial la inoculación de estrés, permitió ofrecer alternativas adecuadas para integrar en tratamientos multidisciplinares, característica ésta que se impone desde los primeros momentos en el tratamiento del dolor crónico.
Desde el punto de vista médico esta ayuda psicológica es bien recibida. El paciente de dolor crónico no es una persona con problemas psicológicos (psicopatológicos en sí), sino que dichos problemas suelen acontecer como consecuencia de padecer un síndrome de dolor crónico. En el campo de los denominados trastornos psicofisiológicos,
medicina conductual o, más tarde, psicología de la salud, el tratamiento del dolor crónico es pionero. Es por este motivo, entre otros, por el que el tratamiento psicológico se imponga al tratamiento psiquiátrico. Se trata de ayudar (apoyar) a una persona “normal” a sobrellevar o adaptarse al padecimiento de un problema médico impuesto. Es un
trabajo esencialmente psicológico, no psiquiátrico. A ello hay que añadir el uso de psicofármacos que a dosis analgésicas utiliza el médico que trata el dolor crónico (véase el caso de los antidepresivos tricíclicos).
El tratamiento psicológico del dolor crónico se justifica, por tanto, porque el impacto que el padecimiento de un síndrome de dolor tiene sobre la persona y su entorno social, puede contribuir a su agravamiento e incapacitar aún más
a quien lo padece. Esta tarea específicamente psicológica es compleja, al menos en su planteamiento, habida cuenta
de que afecta de forma completa a la persona y su entorno: muchas variables a considerar y, posiblemente, programas
de tratamiento multicomponente a utilizar.
Esta óptica, la del tratamiento psicológico como apoyo, es específica de lo que podríamos denominar facilitación de
estrategias de afrontamiento del dolor. Es el tipo de tratamiento psicológico más adecuado cuando se trata de un problema crónico, para el que desgraciadamente no puede hablarse de curación, sino de afrontamiento o adaptación y
convivencia a él.
La psicología puede ser muy útil en una amplia variedad de situaciones. Aquí te presento algunas de las más comunes:
1. **Manejo del Estrés y Ansiedad**: Los psicólogos pueden enseñarte técnicas para reducir el estrés y manejar la ansiedad, como la meditación, la respiración profunda y la terapia cognitivo-conductual.
2. **Depresión**: La terapia puede ayudarte a identificar las causas subyacentes de la depresión y desarrollar estrategias para afrontarla y superarla.
3. **Problemas de Relación**: La terapia de pareja o familiar puede ayudar a mejorar la comunicación y resolver conflictos.
4. **Duelo y Pérdida**: Los psicólogos pueden ofrecer apoyo y orientación para lidiar con la pérdida de un ser querido.
5. **Autoestima y Confianza en Uno Mismo**: La terapia puede ayudarte a mejorar tu autoestima y construir una imagen más positiva de ti mismo.
6. **Trastornos Alimentarios**: Los psicólogos pueden trabajar contigo para desarrollar una relación más saludable con la comida y tu cuerpo.
7. **Problemas de Sueño**: La terapia puede ayudarte a identificar y tratar los problemas de sueño, como el insomnio.
8. **Trauma y PTSD**: La terapia puede ayudar a procesar y superar experiencias traumáticas.
9. **Adicciones**: Los psicólogos pueden proporcionar estrategias y apoyo para superar las adicciones a sustancias, juegos, tecnología, etc.
10. **Problemas de Salud Mental en el Trabajo**: La terapia puede ayudarte a manejar el estrés laboral, mejorar tu productividad y encontrar un equilibrio entre el trabajo y la vida personal.
11. **Crecimiento Personal y Autoconocimiento**: La psicología puede ayudarte a entender mejor tus motivaciones, emociones y comportamientos, facilitando tu desarrollo personal.
12. **Trastornos del Desarrollo**: La terapia puede apoyar a individuos y familias a lidiar con trastornos como el autismo o el TDAH.
13. **Preparación para Eventos Estresantes**: La psicología puede ayudarte a prepararte mentalmente para eventos importantes, como exámenes, entrevistas de trabajo, competiciones deportivas, etc.
14. **Habilidades Sociales**: La terapia puede ayudarte a mejorar tus habilidades sociales y relaciones interpersonales.
15. **Problemas de Comportamiento en Niños y Adolescentes**: Los psicólogos pueden trabajar con niños, adolescentes y sus familias para abordar problemas de conducta y emocionales.
La psicología ofrece un enfoque integral y basado en evidencia para abordar y resolver una variedad de problemas, promoviendo así el bienestar emocional y mental.
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